miércoles, 30 de septiembre de 2009

Espera

A Nicthe

Aún me sobran horas, quizá menos que antes,
Horas tediosas, de soledad y de alegre angustia,
A final de cuentas tiempo perdido en melancolías simuladas,
En risas ajenas y en sueños y en nada…

Aún no es mi tiempo y sin embargo estoy ansioso,
Angustiado miro a todas partes y no veo nada,
Sólo el camino de siempre que siempre cambia,
Sólo la esperanza de tus ojos que no me han de mirar mañana.

Triste tiempo de fachada acobardada,
Nada hay que tema más que tu ausencia
Que las horas largas de soledad y tristeza
Y que este irreducible tiempo que pierdo en tu espera.

Aún me sobran horas,
Sucios segundos que no quiero
Y que me gasto esta noche
Escribiéndote versos.

Isaac Romero
30 de septiembre 2009
Ciudad de México.

jueves, 24 de septiembre de 2009

CAMINO A LA SOLEDAD

Caminar, salir a pasear sin un rumbo sobre las aceras mojadas por la lluvia para comprobar que no es sólo la humedad del alma la que entristece el ambiente. Así de simple. Caminar como quien pretende tener la fuerza suficiente de ver su reflejo en los charcos y de sonreír a los demás transeúntes con la misma triste y gastada máscara de la hipocresía, de la cotidianidad hecha rostro.
Perderse horas entre las calles por la estúpida creencia de que es mejor moverse, aunque no se tenga rumbo, que quedarse tirado mojando con un llanto inútil la almohada que tiempo atrás sirvió como cuna de un descanso ahora negado, extinto.
Andar y andar como si de esta forma se pudiera ignorar el paso del tiempo que con más costumbre que gozo nos va arrastrando a la tumba. Ese tiempo maldito que en su marcha va devorándonos los recuerdos y las alegrías, dejando a cambio sólo la nostalgia de los ayeres desperdiciados entre la costumbre y el miedo.
Pero el camino que no va a ninguna parte es el que acaba más pronto, pues uno no sabe andar sin dirección, se está ya tan acostumbrado a las rutinas que apenas si ponemos un pie fuera de ellas, un mar de sombras invaden nuestra cabeza llenándonos de terrores, de incertidumbre, de cobardía. Es entonces que uno emprende la vuelta a casa, a ese lugar nebuloso que supone la seguridad del hábito y la monotonía.
El peregrinar se transforma en una marcha funesta y cruel que sólo sirve para recordarnos todo aquello que queríamos olvidar. Se van recolectando uno a uno los cadáveres de las pequeñas esperanzas que nos lanzaron a la calle y se cae en la cuenta que hemos perdido más que el tiempo. Hemos perdido un trozo más de nosotros mismos.
Al final, uno vuelve a la casa de la que no debió salir nunca, a la almohada que sedienta espera nuestras lágrimas, a la tristeza enorme que de a poco se va convirtiendo en una angustia que presiona el pecho hasta el punto de sofocarnos. Entonces uno se saca esa máscara de idiota que a veces se confunde con nuestro rostro, se desembaraza el cuerpo de las ropas y nos dejamos caer en los brazos de la soledad, la única amante sincera y fiel, la única amante real.

Isaac Romero
22 de septiembre 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

FANTASMA

I

Estás siempre en mi mente,
rondando como un fantasma
por los pasillos de mi memoria,
invadiendo mis momentos de calma

Te observo angustiado,
sé que no eres tú,
que sólo es un espectro que inventé
para llenar mi soledad inmensa
ahora que te has marchado.

Porque resulta tan difícil lidiar conmigo,
con este vacío que provoca tu ausencia,
con la falta de rumbo que domina mis pasos,
y para colmo el cansancio de mi cuerpo enfermo
que no para de extrañar tus besos.

Hay veces que te pienso un vampiro,
que drena noche tras noche la sangre de mis venas,
y deja yerto mi corazón tras su ataque.
Cruel dama obscura ¿qué poción me has dado?
¿Para qué envenenas mi espíritu si dejas viva mi carne?

II

Olvidar... ¿Para qué?
Son los recuerdos quienes dan forma al presente,
pero en ocasiones se convierten en sombras
que nublan mi horizonte y obscurecen mi rostro.

Cualquier intento de huir es inútil,
por eso me quedo callado,
ahogando mi llanto con irónicos pensamientos,
alimentado mi derrota con tu imagen.

Debo confesar que te extraño,
que la falta de tu voz me vuelve sordo,
que sin tus caricias mi cuerpo es arena
y mis poemas solo tristes lamentos.

En ocasiones me pregunto
¿No será que realmente el fantasma soy yo?
Enterrado en esta casa y bajo mis libros viejos,
perdido en tu último beso y un adiós.

¿Será que en verdad soy un espectro
que flota entre tus sueños para volverlos pesadillas,
un ánima asustada que sólo pide que le recuerdes
en tus momentos más dichosos?

Sin embargo me doy cuenta que sigo vivo,
que me dueles y tú ni siquiera me recuerdas,
que una nueva ilusión me ha arrancado de tu mente,
y pronto no seré sino un nombre más en tu pasado.

Pero a pesar de tu huída, de mi dolor, del olvido,
de todo este polvo de sueños, sigo de pie junto a la puerta,
esperando a que la nostalgia te traiga de vuelta.
O que el olvido termine por matarme
con el puñal del tedio o el veneno del tiempo.

Isaac Romero Hernández
Cd. de México 31 de diciembre de 2008

miércoles, 2 de septiembre de 2009

OLVIDO

Ahí, donde se entierran los cuerpos,
Donde se esconden los recuerdos,
En el sepulcro de los sueños,
En el frío inmenso del alma,
Donde la memoria no tiene objetivo,
Y la noche es reina de los sentidos.

Ahí, donde la muerte es princesa
Y la amargura se esconde,
Donde la nostalgia no existe
Y la luz no lastima.

Ahí, después del tiempo,
Oculto tras la duda
Y consumiendo la razón,
Se esconde el olvido,
Que tranquilo desde su trono,
Impone las leyes del alivio.

Isaac Romero
Ciudad de México, 2006

viernes, 28 de agosto de 2009

EL SUEÑO

Situado en la alcoba de tus sueños y recuerdos,
se entremezclan mis ilusiones con tus suspiros,
y la mirada mía, cautiva por dos místicos zafiros,
prepara el tibio encuentro de nuestros cuerpos.

He de embriagarme con tus dulces besos,
y perderme entre tus taciturnas delicias,
dando descanso a mis lascivas caricias,
enredándote con mis labios y brazos presos.

Has de ofrecerme el veneno más tierno,
y de bailar conmigo al ritmo del viento,
mientras en nuevas formas de amarte intento
amarrarme a ti para salir de este infierno.

Cuando la noche ha terminado,
Despierto, ya sin la magia del hachís,
en una alcoba carente de tu fino matiz,
recordando como un sueño todo lo que ha pasado

Isaac Romero
Ciudad de México 2009

viernes, 7 de agosto de 2009

DE NUEVO LOS RECHAZADOS

No es para sorprenderse, cada año hay un buen porcentaje de jóvenes que no logran ingresar a la UNAM o al POLI, ya sea en nivel bachillerato o superior y como cada año van a ocasionar caos vial y escándalo en los medios.
Sí, es cierto que la matricula ofrecida por nuestras instituciones es baja en comparación con el grueso de la población; pero también es falso que eliminar los filtros sea una solución.
Primero, los edificios (las escuelas) no tienen la capacidad para aceptar al total de la población estudiantil.
Segundo ¿sería justo que un joven que no es capaz de obtener 31 aciertos de un examen de 120 reactivos (preguntas para aquellos que no entienden el término) tenga las mismas oportunidades que otro que ha obtenido 90 o más aciertos?
Yo creo que no. Los filtros son necesarios, no sólo sirven para rechazar a jovencitos, auxilian para ver el nivel de preparación de los estudiantes. Sí ya sé que entre los rechazados se encuentran cientos de jovencitos con un promedio casi excelente. Señores seamos conscientes un promedio en secundaria es prácticamente regalado por entregar cuadernos con márgenes de colores y dibujos bonitos, pero no están soportados por exámenes. En nivel bachillerato es muy similar en las escuelas privadas.
Si alguien es rechazado de estas instituciones, no es por que el sistema opresor maneje todo para acabar con al educación pública… realmente son rechazados por su incapacidad de presentar una prueba de conocimientos básicos que se supone deben tener.
Sí, lo acepto hay cosas mal estructuradas en la educación básica, por eso estos exámenes se vuelven una verdadera tortura para los aspirantes.
Ahora la solución a la mediocridad de estos jóvenes no son las marchas o el cierre de escuelas. La verdadera solución es ponerse a estudiar. Aprender y dejar de hacer grilla que ya bastante tenemos con nuestros “Honorables políticos”
Señores padres de familia, si en verdad les interesa la educación de sus hijos, no apoyen este tipo de tonterías. Lo único que ganan con sus manifestaciones es exhibir la ignorancia y la poca capacidad intelectual de sus hijos y la obviamente la de ustedes.

miércoles, 15 de julio de 2009

DEJAR EL TEATRO POR QUÉ Y PARA QUÉ

Nunca volverá jamás a pisar un escenario/
lo verá, si es que lo ve, siempre desde la platea/
como un sueño inalcanzable, como la luna llena/
cuando la quiere poner a los pies de su mujer...

No fue bueno pero fue lo mejor
BUNBURY

Desde que era niño disfrutaba del Teatro, tanto observarlo como participar de él. Mis primeras incursiones en este arte se dieron en obras escolares (como en casi todos los casos). Pero a diferencia de los que dicen que desde que se subieron al escenario sabían que actuar era su destino; para mí no pasaba de ser un juego.

Tenemos entonces que en realidad yo nunca quise ser actor. Toda mi infancia me pase predicando que estudiaría medicina. Grave error dejar que un niño hable tan a la ligera.

Pasó el tiempo, llegó mi adolescencia y junto a mi pasión por la Literatura, un interés muy distinto a la medicina me gobernó: La Danza. En la secundaria un maestro se encargó de hacer audicionar para entrar a Bellas Artes a un grupo de mocosos que apenas sabían que era un paso de tres (entre esos mocosos estaba yo).

Al final de las pruebas sólo dos conseguimos quedarnos en tan preciada institución. Allí comenzaron mis estudios formales de danza folklórica. Con el paso de los meses y tras mucho trabajo del que yo no estaba consciente entré a La Compañía Nacional de Danza Folklórica de Bellas Artes, donde permanecí durante cinco años.

Pero como en toda historia (si es que esto es acaso una historia) hay malos momentos, y el mío llegó transportado por un tráiler. En realidad mitad por un tráiler que se pasó un alto y la otra mitad por mis estupidez. Después del accidente quedé inutilizado para bailar… adiós a la Compañía de Danza, al salario que percibía de ella, a mis sueños de ser maestro de Danza… en fin adiós a la forma de vida que llevaba hasta ese momento.

No escribiré lo trágica que se volvió mi vida a raíz del accidente (la vida es tan trágica como uno se la quiera hacer). No negaré que si fue un golpe fuerte y un cambio de vida radical, pero aún tenía la oportunidad de estudiar algo más… el punto era qué.

Después de haber cursado la preparatoria me inscribí en la Facultad de Derecho de la UNAM (no deberían dejar que los adictos al opio tomaran decisiones sobre que carrera quieren estudiar). Como era lógico no soporté esa carrera y hui a donde pensé me dejarían escribir y no moriría de hambre (reitero eso de no dejar a los adictos tomar decisiones) y así llegué a la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

Con el paso de los semestres me di cuenta que esa carrera distaba tanto de lo que yo quería hacer. Al abandonar la Danza el único refugio que encontraba para pasar mi patética existencia era el opio y los libros. Sí ilusamente soñaba con ser escritor. Así que el periodismo no era lo mío, había errado el camino de nuevo.

También tenía la inquietud de subirme a un escenario de nuevo… obviamente apareció frente a mí una opción clara: El Teatro.

Fue entonces que me dispuse a cambiar de nuevo la carrera, y comencé mis estudios de teatro. La carrera era una maravilla. Me permitía justificar mi pasión por los libros (Ya que es como tomar una carrera de Literatura Universal) y me dejaba volver a ver el mundo desde un tablado.

En esto gasté los cuatro últimos años de mi vida, estudiando Teatro. En realidad yo no soy actor, mi especialidad fue dramaturgia.

Pero bueno, para la mayoría soy actor por que es en lo que más se me ha visto trabajar. Pero hace unos meses tomé la determinación de bajarme del escenario y dedicarme completamente a escribir… (Entre otras funciones que tengo que realizar para no morirme de hambre)

Del Teatro me llevo un sabor agradable que se estaba volviendo amargo. Llegó un punto en que sentí que de verdad había desperdiciado mi tiempo (y quizá así fue). Lo cierto es que antes de comenzar a sentir rencor por este bello oficio, renuncio a él.

Sé que toda esta perorata le importará a poca gente, y es para ellos para quien la escribí. Pues sé que debía una explicación a mis compañeros y amigos.

Sólo me resta desear buen viaje a todos aquellos siguen en la nave que yo abandono.

ISAAC ROMERO

JUNIO 2009

jueves, 21 de mayo de 2009

ME GUSTAS MUJER


A Nicthe.


Me gustas mujer bajo la lluvia

porque la ropa mojada se ciñe mejor a tu figura

y desata aún más fuerte este deseo

de acariciar tu piel desnuda.


Me gustas mujer cuando la lluvia cesa

porque el cielo se despeja en tu mirada

y sólo queda tras el viento frío

tu cuerpo que tiembla abrazado a mío.


Me gustas mujer bajo el sol de medio día

porque tu caricia es frescura

que ahuyenta de mi alma herida

el sopor de la nostalgia

y la aridez de mi melancolía.


Me gustas mujer en invierno y en verano

en otoño y primavera

porque tu amor es dulce fruto que no escasea

y es que tú me gustas mujer de cuaquier manera


Isaac Romero
Ciudad de México

21 de mayo 2009

jueves, 7 de mayo de 2009

LA VIDA

Hace mucho tiempo que no miraba por la ventana. Años atrás era común que pasara la tarde espiando la calle con la ingenuidad de quien cree que afuera es donde se oculta la vida. Así lo creía yo.
Me gustaba observar el movimiento de las hojas de los árboles en su bailar nostálgico con el viento, la prisa con la que los peatones recorrían las aceras sin sospechar que yo, desde la seguridad de mi ventana, les observaba como un dios que creaba historias nuevas a partir de ellos.
Sí, para mí la vida estaba allá afuera, en los gestos de fatiga de la señora que volvía por tercera ocasión del mercado cargando una bolsa repleta de vegetales, en ese niño que disfrutaba pasar con su bicicleta entre los charcos de agua que la lluvia dejaba tras su paso, en el anciano que cada tarde salía con su silla de ruedas a tomar una siesta bajo el sol, en la pareja que caminaba abrazada sin pensar en otra cosa que en su felicidad, en la niña que regresaba a casa llorando con un raspón en la rodilla, en los esposos que jugaban a engañarse mutuamente y con descaro, en el borrachito que pasaba la noche tirado junto al faro de luz, en el joven que caminaba junto a su perro por las tardes, en los niños que jugaban al fútbol mientras no circularan carros...
Sí definitivamente la vida estaba allá, donde yo no me atrevía a estar, donde mis temores dictaban que era mejor la seguridad del hogar.

Con los años, los gestos de la señora al regresar del mercado se volvieron aterradores, su rostro no sólo reflejaba la fatiga del día, si no de toda una vida rutinaria y monótona. El niño creció y dejó de jugar con su bicicleta, el anciano murió sin que yo me percatara de ello hasta tiempo después, la pareja que solía ver como personificación del amor y la felicidad había terminado por dejarse tras una discusión llena de reproches y lágrimas, la niña lloraba esta vez por una desilusión amorosa, los esposos infieles se reconciliaron y dejaron que la costumbre empañara su pasión, el borracho buscó otra esquina donde dormir, el joven y su perro cambiaron de casa, los niños ya no eran niños y preferían beber cerveza afuera de una tienda que patear el balón. La vida que conocía dejó de existir, yo mismo descubrí que había crecido, y que ya no tenía sentido observar por la ventana.

Mi adolescencia pasó sin que yo me percatara bien de ella, aislado la mayor parte del tiempo,terminé por convertirme en una especie de autómata que asistía a la escuela por obligación, y al que sólo consolaban los libros.
Al descubrir la literatura, creí haber encontrado el sitio donde la vida corrió a esconderse. De nuevo estaba observando las historias de otros desde la seguridad que suponía mi casa.
Cuando entré a la preparatoria mi comportamiento melancólico y poco amigable causó burlas y atropellos a los que no prestaba mucha atención, la vida estaba en mis manos, o al menos eso creía y lo seguí creyendo hasta que salí de la universidad, hasta que apareció Ella.
Debido a mi carácter nunca tuve muchos amigos, los que poseía no entendían mi obsesión por los libros, pero me respetaban. Sí, había sufrido los descalabros normales que suponen las relaciones de pareja, pero ninguno fue realmente significativo. Mis sueños y aspiraciones estaban en otro lado, estaban en seguir observando la vida sin dejar que esta me tocara.

Ella vino a cambiar todo. Yo sabía el significado de las palabras pasión, amor, deseo, celos, ansiedad, ira... pero nunca los había experimentado. Hasta ese punto, las únicas emociones que había sentido eran la angustia y la soledad.
No contaré aquí una historia de amor, básteme decir que Ella vino a quitarme el paño con el que felizmente me había cubierto los ojos años atrás y me mostró el mundo del cual yo venía huyendo. El mundo donde yo era un personaje vivo y no un observador.

Ahora mis temores son mayores que antes, la angustia tomó una dimensión impensable. Reconocí de un golpe la monotonía de mi propia existencia, la carencia de anhelos que gobernaba mi voluntad y el vacío que siempre presentí, pero que no me atrevía a enfrentar.

Hoy vuelvo a mirar por la ventana y reconozco que la vida no está allá afuera. Observo con atención mis libros y comprendo que tampoco es allí donde se esconde. En este momento me doy cuenta que la vida está dentro de mí y tengo miedo, un miedo real a que mi vida no sea más que la repetición de una triste historia ya contada mil veces, que no sea más que el cliché del escritor que a los cuarenta se siente harto de su miserable existencia por que se da cuenta que está solo; porque al mirar por la ventana de su vida no encuentra más que su Ego retorciéndose de dolor ante su incapacidad de amar. Me niego a envejecer buscando en lo que otros poseen lo que yo dejé escapar.
Quizá por eso miro por la ventana, pues sólo es cuestión de minutos para que Ella llame a la puerta y llene mi alma con su sonreír.

miércoles, 6 de mayo de 2009

De nuevo el insomnio, de nuevo el bufón

Escribo porque no encuentro otra forma de entenderme. Me siento frente al ordenador y dejo que mis manos interactúen con el teclado. Posiblemente sólo mato el tiempo (que frase tan estúpida ¿Cómo matar algo que no está vivo?).
De cualquier manera escribo para pasar la noche, hacer breve el tiempo de espera entre mi insomnio inútil y la actividad diaria que espanta el poco sueño que me queda.
Quizá sólo es que tengo miedo a quedarme dormido y necesito hacer algo para distraerme, para no pensar en lo que mi cabeza tiene guardado... para no soñar de nuevo.
Últimamente soñar se me ha vuelto un infierno, uno de esos infiernos personales que se alimenta de mis temores, de mis frustraciones y de mis odios.
El día de hoy, o mejor dicho está madrugada, dicho infierno ha tomado una forma definida y un rostro conocido. Lo peor de todo es que no puedo combatir, esta vez no puedo defenderme porque no han sido solo suposiciones que mi imaginación crea para alejarme de lo que amo; no, esta vez es algo real, o mejor dicho fue... simplemente hoy perdí algo en el camino.
Mi cuerpo dicta que es hora de dormir aunque no quiera, pero ¿no hizo lo mismo todo el día para indicarme que tenía que comer algo y lo ignore? ¿Por qué no puedo ignorar el cansancio como ignoro el hambre?
De cualquier forma lo hecho ya no puede deshacerse, así que sólo queda encarar la vida con mi mejor disfraz y el maquillaje de bufón imbécil que juré no volver a utilizar, quizá de esta manera no me hieran sus comentarios y no me humille tanto su risa...

lunes, 4 de mayo de 2009

INSOMNIO

Hay padecimientos que cargo desde pequeño, uno de ellos – quizá el más molesto y antiguo – es el insomnio.

Pocas veces, desde que recuerdo, he conseguido dormir profundamente y de manera reparadora. Cuando niño era casi inevitable que despertara llorando y completamente asustado en mitad de la noche debido a mis pesadillas. Noche tras noche era la misma escena: un grito de auxilio que despertaba a mis padres, mi madre intentando tranquilizarme y mi padre enfurecido tratando de encontrar un remedio a la situación.

El único “ remedio” que encontraron fue enviarme al psicólogo (esto, muy a pesar de la poca fe que mi padre tiene en la psicología y a la vergüenza que sentía mi madre ante el hecho de que su único hijo fuera visto como un loco en potencia). Como era de esperarse, el resultado fue una aparente cura . No es que yo dejara de tener pesadillas, es que mi repulsión ante ese ser que cada tercer día me observaba como si yo fuera un juguete para armar y mover a su antojo era tan grande que decidí fingir que no pasaba nada y aprender a guardar silencio por las noches.

Así dormía algunas horas, hasta que un sobresalto me despertaba, después conciliar el sueño era un acto casi imposible. Me acostumbre a mirar el amanecer a través de la ventana de mi cuarto, a levantarme antes que todos en la casa con la justificación de que quería llegar temprano a clases.

Al entrar a la secundaría los sueños eran ligeramente más soportables y el descanso de una mejor calidad. Aunado a esto, el descubrimiento del opio dio como resultado un sueño más profundo, pero no reparador.

Así pasó mi adolescencia, entre mi adicción y la escuela, no prestaba atención a la calidad de mis sueños ni a la cantidad de horas que dormía por día.

Pero no estoy aquí para hablar de mis sueños ácidos ni de mis adicciones. Escribo esto para justificar mi existencia esta noche. Una noche más en la que mis ojos se niegan a permanecer cerrados, una noche en la que mi cuerpo extraña un cuerpo en particular y no por el sexo (que es un preámbulo excelente para el verdadero acto de amar), si no por el increíble hecho de que estando con Ella, puedo dormir sin pesadillas y abrazado a una esperanza.

Sí, ya sé que suena cursi y barato, pero es la verdad, lo juro. Con Ella recostada junto a mí, con su cuerpo entrelazado al mío y su alma desnuda frente a mis ojos puedo olvidar mi miedo a la noche.

Es por su ausencia que escribo estas líneas, porque hoy Ella está lejos y por más que he intentado dormir me resulta imposible, porque sin su aliento junto a mi boca tengo pavor de que las pesadillas regresen y tenga que visitar de nuevo al psicólogo para convencerme de fingir que duermo bien por las noches.

Sea como sea, no puedo dejar que la impaciencia me gane esta partida y creo que ya va siendo tiempo de enfrentar la soledad de mi cama y los miedos que habitan en mi cabeza...

domingo, 3 de mayo de 2009

Quisiera volar.

Un día cualquiera decido echar a volar. No tengo rumbo, sólo el deseo de escapar. El eterno deseo de huir. ¿Huir? ¿De qué? ¿De quién?.

No comprendo qué es lo que me alienta a seguir adelante aún cuando no veo el camino, cuando parece que mis esperanzas y sueños se han perdido o roto contra el frágil cristal de la realidad. Una realidad-prisión.

Es por eso que nunca estoy satisfecho, que muero a diario y en cada momento. Morir es el último escape, pero nunca es definitivo. Después de una pequeña muerte siempre hay una larga vida por delante.

La muerte como metáfora de la libertad total, donde ya no hay un cuerpo que te encadene a sus necesidades y la sociedad y sus reglas carecen de todo sentido. Pero no puedo, no soy tan valiente. Todavía no estoy listo para la muerte real.

Prefiero cerrar los ojos, ignorar el sentido práctico de las cosas y encerrarme en el ideal. Siempre en el ideal, en esa cueva obscura y reconfortante donde cualquier cosa es posible, donde las reglas se violan a si mismas para crear una regla nueva que durará lo mismo que un parpadeo.

Sólo en ese mundo puedo ser yo, ahí todos mis miedos se mezclan con mi curiosidad para formar un ente nuevo y maravilloso que no alcanzo a descubrir del todo, pero sé lo que es: un hombre.

Nunca habla, pero le conozco, teme y se avergüenza y a veces llora. Llora con mi llanto y me deja seco. En ocasiones también ríe, pero eso yo no lo comprendo. No es que yo no ría, es que no entiendo como un hombre tan triste puede reír.

Hay días en los que me dedico a observarlo, es cuando más sufre, no soporta que le miren, quiere estar sólo con su infinita tristeza. Quiere lo mismo que yo quiero, que lo dejen en paz. Pero no puedo, su rostro me es tan familiar, su cuerpo tan conocido y su dolor tan propio.

Espero el día que se levante y que de su espalda surjan alas que le lleven lejos, más allá de mis sueños, el momento que decida regresarme de un golpe mis temores para salir volando hacia la libertad, el instante preciso que me mire sin compasión y sin odio para disolverse en el aire.

Espero ese día, ese momento y ese instante para aprender de él. Para poder ir más allá de tus sueños, para regresarte con un beso tus temores y volar hacia la libertad, para mirarte sin compasión y sin odio y así disolverme en el aire.

jueves, 30 de abril de 2009

UNA VEZ MÁS

Hoy quisiera escribir que todo va bien, pero estaría mintiendo.
No soy un quejoso por oficio, pero si por costumbre. Cuando hago planes y estos no resultan (hecho casi irremediable), mi cabeza se llena de imágenes que muestran mis fracasos en un orden asombrosamente cronológico. Es entonces que surgen las siguientes dudas.
¿Por qué la mente se empeña tanto en recordarme lo estancado que estoy? ¿Será que me sucede sólo a mí, o es un mal general? ¿Llegaré a algún lado haciéndome estas preguntas?
Cansado de dar vueltas y vueltas sobre las mismas cosas y a sabiendas que no llegaré a ninguna parte, tomo los eventos de mi vida como el paso cotidiano del tiempo sobre mi cuerpo y echo a andar sin saber bien si he dado un paso hacia adelante o si sólo estoy esperando a que algo extraordinario me suceda.

DESPUÉS DE LA GUERRA

Ahora, acobardado, aquí, sin descanso,
las paredes tiemblan y mi rostro suda,
encerrado por voluntad impropia,
olvidado por cómoda melancolía.

Espero lo peor para levantarme,
unir los trozos que se me han roto entre las manos
y construir una nueva estatua de ceniza y polvo,
de dicha y soledad, de ti sin mí, de gracia plena.

Aparto los miedos de mis dudas,
el sabor de lo incierto siempre ha sido dulce
y avanzo porque no hay otra forma de moverse,
retroceder es igual a sepultarme entre las ruinas.

La guerra que devasta el alma es la peor de todas,
las batallas diarias y sin cuartel
dejan siempre una estela de sueños muertos,
de presentes incomprensibles, de llanto seco
y tristezas que petrifican cualquier esperanza.

No queda nada en pie,
todo son sombras y vestigios,
amargos intentos de sobrevivir
en un mundo que ya no es nuestro.

La colisión ha resultado en aislamiento,
en dos soledades que ya no pueden ser compañía,
en un sálvese quien pueda hiriendo a cuantos deba,
en un vacío alimentado de ausencias.

Isaac Romero
Cuidad de México, 2008

EL DÍA MENOS PENSADO

El espejo proyecta extrañas sombras
de lo que nunca fui,
Y el veneno corre lento por mis pulmones,
Pero mi muerte,
La real,
Tocará a mi puerta
El día menos pensado.

Isaac Romero
Ciudad de México, 2006
No diré lo mismo que otros,
no diré una palabra,
quiero decir nada,
guardar silencio y dormir.

No hablaré más,
no tengo que decir,
mi cerebro está seco,
lleno de fantasmas que le gritan:
- ¡Escribe pseudopoeta!
con tal furia que hacen que me revuelque en la cama
para despertar gritando de dolor,
llorando de remordimiento
porque las palabras se me perdieron en el aire
y no sé como recuperarlas...

Es por eso que no quiero hablar,
que no quiero decir nada.
para escribirlo todo
y reírme de la muerte
y llorar mi vida
para dormir en paz
y por siempre...

Isaac Romero
Ciudad de México, 2006

viernes, 24 de abril de 2009

COMO NUNCA LO HE HECHO

Despierto pensando que ya no puedo estar junto a ti. Entonces recuerdo todas las cosas que hemos pasado juntos: la primera vez que te vi, tu figura cortándose contra el mundo que parecía detener su marcha para contemplarte, mi sonrisa estúpida al ofrecerme como acompañante de tu destino, la mirada incisiva y tu voz firme al decir no.

Pasan por mi memoria, uno tras otro, mis intentos fallidos de cortejarte, las rosas sin ningún motivo, los poemas cursis, las llamadas a deshoras, incluso mis labios parecen sentir de nuevo ese beso forzado que marcó mi aparente triunfo.

Recuerdo la tarde que se convirtió en madrugada, mientras nos revolvíamos sobre las sábanas grises de aquel mullido hotel al que nunca volvimos, la desesperación con la que robaba tus besos, la furia de tus uñas resbalándose sobre mi espalda y el dolor placentero que me provocaban tus dientes al morder mis labios.

Tengo presentes cada uno de tus gestos, tu andar altivo y esa mirada arrogante que desataba mi deseo.

Te evoco sentada a la mesa, tomando una taza de café después de haber terminado nuestra primera mudanza. Esa noche el sudor resbalaba por tu frente, respirabas profundo, tratando de encontrar el sitio correcto para cada cosa. Y es que en tu mundo todo debía estar en su lugar; sin cabida al azar o a los accidentes.

Por eso peleamos casi siempre, por eso me llamas tu accidente dichoso. Porque yo siempre fui caos hasta conocerte, después sólo desorden programado.

Miro atrás y ya no encuentro un momento en el que no estés. Siempre unidos a pesar de la distancia de nuestros pensamientos.

Me amas, eso lo sé. Sin embargo, continúo despertándome por las noches, sintiendo esta rabia inmensa, buscando las palabras para decirte que me voy, que no puedo seguir contigo; pero no encuentro un error tuyo que justifique mi miseria.

Todo lo anterior lo digo sin reproche ni amargura. Es sólo la maldita tristeza que llevo desde hace tiempo y que no comprendo.

Me incorporo en la cama, respiro despacio. He decidido hablar, pero justo en ese momento abres los ojos y todavía adormilada sólo atinas a sonreír mientras dices en voz baja y casi sugerente: “Ven. Acércate que quiero despertar desde hoy y para siempre entre tus brazos” .

Yo no tengo más remedio que coger mi cobardía por almohada y repetirme una vez más que sólo ha sido un mal sueño, que al salir el sol volveré a amarte como nunca lo he hecho.

Isaac Romero Hernández

Ciudad de México,

Mayo 2008 – Febrero 2009

SEGÚN EL PLAN

Ella entró en la casa y subió la escalera. Era más de media noche. Sabía que él estaría ahí. Prendió el foco del pasillo y entreabrió la puerta de su recámara apenas lo necesario para no tropezar en la penumbra.

El cansancio la hundió en un dulce letargo.

Fijó la mirada en el frasco de pastillas que le había cambiado la noche anterior. Se recostó junto a él y lo abrazó suavemente, como si temiera despertarlo.

Entregada a su ensoñación no le importó la rigidez que mostraban las extremidades de su pareja. Tampoco el amoratamiento de los labios, ni la falta de respiración.

Lo importante era que ella estaba a su lado, esbozando una sonrisa, mientras el calor amable de aquél cuerpo se extinguía lentamente.

Isaac Romero

Ciudad de México, 2005


BESO NEGADO

Tras la puerta que hay en mi alma un día apareció, y con voz dulce y retadora dijo:

“Puedo llevarte lejos del dolor, de tu tristeza. Puedo llevarte lejos si lo deseas, hacerte vencedor del miedo que devora tus entrañas y del olvido de tus iguales, que son tan diferentes a ti. Puedo librarte del martirio de ver la luz y perderte en la obscuridad. ¡Te vengo a mostrar la libertad!”.

Lentamente me tomó de la mano y me acercó hasta tenerme apresado entre sus brazos. Pude ver de cerca sus ojos, colmados de amor y de soledad, tranquilos y húmedos. Llenos de lágrimas. Después contemplé sus labios tiernos y vírgenes, ansiosos de un beso siempre negado.

El frío que su cuerpo me transmitía, su cabello negro y enredado lo aliviaba y mi mente se perdió entre esa mar de sueños e ilusiones rotas.

Me sentí invadido por una euforia que jamás había experimentado. Comencé a flotar entre mis ropas; dejaba de ser sólo carne y huesos articulados. Era realmente libre, perdí de vista el suelo y el mundo: volaba entre mis fantasías. Una a una se iban haciendo reales y tan densas que tenía que escapar hacia una nueva para acabar siempre en ese mar que curaba todo.

El miedo y los fantasmas de la contradicción estaban muy lejos. Todo parecía ser perfecto, sin dolor ni angustia, sin pena, y el dulce olvido invadiendo cada uno de mis sentimientos. Entonces vi de nuevo sus ojos deseosos de una simple mirada de amor, y sus labios colmados de amargura dulce y tierna. Comencé a acercarme lentamente, queriendo tomar entre mis manos su cara y besarle lleno de agradecimiento; era ella a quien siempre había esperado.

Desde el comienzo de mis días nunca experimenté la felicidad. Nunca, hasta ese momento, había sentido tranquilidad en mi alma y mis entrañas.

En el momento que estaba por rozar sus labios, un golpe en el pecho me derrumbó a sus pies, ella asustada y confundida retrocedió, <<¡No te alejes, no me dejes!>> Gritaba yo angustiado mientras otro golpe sacudía mi corazón. Ella comenzó a correr y, ya sin fuerza para levantarme, sufrí un tercer golpe y me conforme con ver como se alejaba de mí todo lo que me ofreció.

Entonces lo comprendí, había fallado. Sin duda, alguien me vio hundirme en el lago y logró rescatarme; en torno mío escuchaba las voces de los médicos que se felicitaban unos a otros por no permitirme morir.

Desde ese día estoy encerrado aquí, vigilado, preso, esperando el momento exacto para encontrar a mi amada, a esa que los doctores alejaron cuando estaba apunto de besar…

Isaac Romero

Ciudad de México, 2004