viernes, 24 de abril de 2009

SEGÚN EL PLAN

Ella entró en la casa y subió la escalera. Era más de media noche. Sabía que él estaría ahí. Prendió el foco del pasillo y entreabrió la puerta de su recámara apenas lo necesario para no tropezar en la penumbra.

El cansancio la hundió en un dulce letargo.

Fijó la mirada en el frasco de pastillas que le había cambiado la noche anterior. Se recostó junto a él y lo abrazó suavemente, como si temiera despertarlo.

Entregada a su ensoñación no le importó la rigidez que mostraban las extremidades de su pareja. Tampoco el amoratamiento de los labios, ni la falta de respiración.

Lo importante era que ella estaba a su lado, esbozando una sonrisa, mientras el calor amable de aquél cuerpo se extinguía lentamente.

Isaac Romero

Ciudad de México, 2005


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