martes, 2 de marzo de 2010

ZOOM IN

A distancia parece un cuadro bello. El azul profundo del cielo, matizado por la luz ámbar de la luna, se funde en el horizonte con el lago. Los árboles cubren con sombras el valle, a primera vista una noche en calma. Una noche más.
Alrededor del estanque un grupo de piedras muestran su filo pese a la hierba que ha crecido en su entorno. Finos ríos de un líquido grana y espeso cubren parte del camino de terracería y se pierden tras una línea de pasto crecido.
Ella está ahí. Su cuerpo, blanco y delgado, descansa sobre el heno teñido de rojo. Las piernas ligeramente separadas muestran, sin pudor, su sexo aún tibio y húmedo. Los brazos desfallecidos caen, con suavidad, a los costados del exquisito cadáver, dejando expuestos sus delicados senos. Parecería que sólo duerme, sin embrago, los ojos abiertos de la joven reflejan, como si de espejos se trataran, mis manos. Estas manos bañadas otra vez en sangre.