miércoles, 30 de septiembre de 2009

Espera

A Nicthe

Aún me sobran horas, quizá menos que antes,
Horas tediosas, de soledad y de alegre angustia,
A final de cuentas tiempo perdido en melancolías simuladas,
En risas ajenas y en sueños y en nada…

Aún no es mi tiempo y sin embargo estoy ansioso,
Angustiado miro a todas partes y no veo nada,
Sólo el camino de siempre que siempre cambia,
Sólo la esperanza de tus ojos que no me han de mirar mañana.

Triste tiempo de fachada acobardada,
Nada hay que tema más que tu ausencia
Que las horas largas de soledad y tristeza
Y que este irreducible tiempo que pierdo en tu espera.

Aún me sobran horas,
Sucios segundos que no quiero
Y que me gasto esta noche
Escribiéndote versos.

Isaac Romero
30 de septiembre 2009
Ciudad de México.

jueves, 24 de septiembre de 2009

CAMINO A LA SOLEDAD

Caminar, salir a pasear sin un rumbo sobre las aceras mojadas por la lluvia para comprobar que no es sólo la humedad del alma la que entristece el ambiente. Así de simple. Caminar como quien pretende tener la fuerza suficiente de ver su reflejo en los charcos y de sonreír a los demás transeúntes con la misma triste y gastada máscara de la hipocresía, de la cotidianidad hecha rostro.
Perderse horas entre las calles por la estúpida creencia de que es mejor moverse, aunque no se tenga rumbo, que quedarse tirado mojando con un llanto inútil la almohada que tiempo atrás sirvió como cuna de un descanso ahora negado, extinto.
Andar y andar como si de esta forma se pudiera ignorar el paso del tiempo que con más costumbre que gozo nos va arrastrando a la tumba. Ese tiempo maldito que en su marcha va devorándonos los recuerdos y las alegrías, dejando a cambio sólo la nostalgia de los ayeres desperdiciados entre la costumbre y el miedo.
Pero el camino que no va a ninguna parte es el que acaba más pronto, pues uno no sabe andar sin dirección, se está ya tan acostumbrado a las rutinas que apenas si ponemos un pie fuera de ellas, un mar de sombras invaden nuestra cabeza llenándonos de terrores, de incertidumbre, de cobardía. Es entonces que uno emprende la vuelta a casa, a ese lugar nebuloso que supone la seguridad del hábito y la monotonía.
El peregrinar se transforma en una marcha funesta y cruel que sólo sirve para recordarnos todo aquello que queríamos olvidar. Se van recolectando uno a uno los cadáveres de las pequeñas esperanzas que nos lanzaron a la calle y se cae en la cuenta que hemos perdido más que el tiempo. Hemos perdido un trozo más de nosotros mismos.
Al final, uno vuelve a la casa de la que no debió salir nunca, a la almohada que sedienta espera nuestras lágrimas, a la tristeza enorme que de a poco se va convirtiendo en una angustia que presiona el pecho hasta el punto de sofocarnos. Entonces uno se saca esa máscara de idiota que a veces se confunde con nuestro rostro, se desembaraza el cuerpo de las ropas y nos dejamos caer en los brazos de la soledad, la única amante sincera y fiel, la única amante real.

Isaac Romero
22 de septiembre 2009

jueves, 10 de septiembre de 2009

FANTASMA

I

Estás siempre en mi mente,
rondando como un fantasma
por los pasillos de mi memoria,
invadiendo mis momentos de calma

Te observo angustiado,
sé que no eres tú,
que sólo es un espectro que inventé
para llenar mi soledad inmensa
ahora que te has marchado.

Porque resulta tan difícil lidiar conmigo,
con este vacío que provoca tu ausencia,
con la falta de rumbo que domina mis pasos,
y para colmo el cansancio de mi cuerpo enfermo
que no para de extrañar tus besos.

Hay veces que te pienso un vampiro,
que drena noche tras noche la sangre de mis venas,
y deja yerto mi corazón tras su ataque.
Cruel dama obscura ¿qué poción me has dado?
¿Para qué envenenas mi espíritu si dejas viva mi carne?

II

Olvidar... ¿Para qué?
Son los recuerdos quienes dan forma al presente,
pero en ocasiones se convierten en sombras
que nublan mi horizonte y obscurecen mi rostro.

Cualquier intento de huir es inútil,
por eso me quedo callado,
ahogando mi llanto con irónicos pensamientos,
alimentado mi derrota con tu imagen.

Debo confesar que te extraño,
que la falta de tu voz me vuelve sordo,
que sin tus caricias mi cuerpo es arena
y mis poemas solo tristes lamentos.

En ocasiones me pregunto
¿No será que realmente el fantasma soy yo?
Enterrado en esta casa y bajo mis libros viejos,
perdido en tu último beso y un adiós.

¿Será que en verdad soy un espectro
que flota entre tus sueños para volverlos pesadillas,
un ánima asustada que sólo pide que le recuerdes
en tus momentos más dichosos?

Sin embargo me doy cuenta que sigo vivo,
que me dueles y tú ni siquiera me recuerdas,
que una nueva ilusión me ha arrancado de tu mente,
y pronto no seré sino un nombre más en tu pasado.

Pero a pesar de tu huída, de mi dolor, del olvido,
de todo este polvo de sueños, sigo de pie junto a la puerta,
esperando a que la nostalgia te traiga de vuelta.
O que el olvido termine por matarme
con el puñal del tedio o el veneno del tiempo.

Isaac Romero Hernández
Cd. de México 31 de diciembre de 2008

miércoles, 2 de septiembre de 2009

OLVIDO

Ahí, donde se entierran los cuerpos,
Donde se esconden los recuerdos,
En el sepulcro de los sueños,
En el frío inmenso del alma,
Donde la memoria no tiene objetivo,
Y la noche es reina de los sentidos.

Ahí, donde la muerte es princesa
Y la amargura se esconde,
Donde la nostalgia no existe
Y la luz no lastima.

Ahí, después del tiempo,
Oculto tras la duda
Y consumiendo la razón,
Se esconde el olvido,
Que tranquilo desde su trono,
Impone las leyes del alivio.

Isaac Romero
Ciudad de México, 2006