miércoles, 6 de mayo de 2009

De nuevo el insomnio, de nuevo el bufón

Escribo porque no encuentro otra forma de entenderme. Me siento frente al ordenador y dejo que mis manos interactúen con el teclado. Posiblemente sólo mato el tiempo (que frase tan estúpida ¿Cómo matar algo que no está vivo?).
De cualquier manera escribo para pasar la noche, hacer breve el tiempo de espera entre mi insomnio inútil y la actividad diaria que espanta el poco sueño que me queda.
Quizá sólo es que tengo miedo a quedarme dormido y necesito hacer algo para distraerme, para no pensar en lo que mi cabeza tiene guardado... para no soñar de nuevo.
Últimamente soñar se me ha vuelto un infierno, uno de esos infiernos personales que se alimenta de mis temores, de mis frustraciones y de mis odios.
El día de hoy, o mejor dicho está madrugada, dicho infierno ha tomado una forma definida y un rostro conocido. Lo peor de todo es que no puedo combatir, esta vez no puedo defenderme porque no han sido solo suposiciones que mi imaginación crea para alejarme de lo que amo; no, esta vez es algo real, o mejor dicho fue... simplemente hoy perdí algo en el camino.
Mi cuerpo dicta que es hora de dormir aunque no quiera, pero ¿no hizo lo mismo todo el día para indicarme que tenía que comer algo y lo ignore? ¿Por qué no puedo ignorar el cansancio como ignoro el hambre?
De cualquier forma lo hecho ya no puede deshacerse, así que sólo queda encarar la vida con mi mejor disfraz y el maquillaje de bufón imbécil que juré no volver a utilizar, quizá de esta manera no me hieran sus comentarios y no me humille tanto su risa...

2 comentarios:

  1. Contra el insomnio no se puede hacer mucho, te lo digo yo, que he sido bendecido con su presencia.
    En cuanto a los disfraces... yo opino que cada vez que enfrentes al mundo te quedes con el maquillaje de bufón que pensabas ponerte, pero le dejes eso de las caras de imbéciles al resto de la humanidad. Total: ni les cuesta trabajo.
    No huyas de nada. Vistos de cerca, los problemas son más hermosos que las mujeres. A diferencia de ellas, al menos éstos sí te dejan algo bueno cuando los dejas atrás: la superación, y la satisfacción de haber sobrevivido una adversidad. En otras palabras, te hacen más chingón.
    Y ríe. E intenta que el resto del mundo ría contigo. Si no quieren, entonces oblígalos; ese es el trabajo del artista: convencer al resto de que tu realidad es la buena, ya sea por las buenas o las malas. Y si esa realidad tiene una sonrisa como emblema, ¿qué importa si los ojos están llenos de lágrimas?
    Lo que quiero decir es que disfrutes tu tormento y lo compartas. Es la única solución.
    Y créeme: no hay nada mejor.

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  2. Por cierto, literalmente, soy tu fan número uno. Al menos eso dice tu blog.

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